Telerrealidad, la voz de los expertos convertida en la voz de famosos

Cuando hablamos de telerrealidad nos referimos a un género televisivo basado en la presentación de casos, vivencias o conflictos personales reales o inducidos en el cual se muestra lo que le ocurre a "personas reales", en contraposición con las emisiones de ficción donde los protagonistas son actores.


Existen tres tipos principales de telerrealidad. El observador pasivo: la cámara observa pasivamente las actividades cotidianas de una persona o de un grupo de personas. La cámara escondida: la cámara observa a personas que ignoran que son grabadas. Suele utilizarse en programas que hacen bromas o enfrentan a la gente a situaciones inverosímiles, y filman sus reacciones para entretener a su audiencia. O el concurso de telerrealidad: en este tipo de emisiones un grupo de personas en un ambiente cerrado compiten por un premio, mientras son observados de forma continua por las cámaras. Este último tipo de telerrealidad es comúnmente conocido como “reality-show” en los cuales en España conocemos formatos como Supervivientes o Gran Hermano u ahora Operación Triunfo entre otros.


El éxito de este tipo de shows se fundamenta en la convergencia de dos características del ser humano: por un lado la ambición del ser mirado y por otro el afán de fisgonear una vida ajena. Si uno se fija bien en este tipo de genero televisivo, no deja de ser simplemente un reflejo fiel de la realidad ya que los participantes de estos formatos al ser conscientes de la existencia de las cámaras cambian o crean conductas ficticias al ser condicionadas por las mismas, haciendo ver que su comportamiento en pantalla cambie respecto al que realmente tiene en la vida detrás de las cámaras. Román Gubern decía que: “El reality show simula que es realidad cuando es semirrealidad”.


Hay algo bastante curioso y es que, si se pregunta a la población que quiere ver en televisión, la mayoría dirá que series de ficción antes que programas como los “reality-shows”. Pero esto sin embargo, las cadenas de televisión tampoco hacen mucho caso a la población ni a sus gustos en este ámbito y lo que hacen es realizar este tipo de formatos de telerrealidad para llenar nuestras pantallas y las parrillas de programación. Pero claro, las series de ficción y su producción y realización cuesta muchísimo más inversión que cualquier formato televisivo de alguno de estos programas, por lo que la cadena junto con la telerrealidad engulle prácticamente a la ficción de calidad no por que el público lo requiera y no le guste, sino porque resulta mucho más económica y rentable ya que invirtiendo menos da buenos resultados de audiencia.


Esta actuación de las cadenas de televisión la podemos ver reflejada también en la política, en Estados Unidos Donald Trump hizo algo parecido para su campaña política y para ganar las elecciones del 2016. Él sabía que no toda la gente iba a votarlo a él ni que a todo el mundo le parecían correctos sus valores, por lo que no se dirigió a toda la población ni lo pretendía sino que sabía a quién debía dirigirse. Trump invirtió menos dinero que Hillary Clinton, pero se centró en potenciar a sus votantes ya que utilizó apariciones en televisión y en las redes para rentabilizar su inversión al máximo gracias al preciso perfil de los usuarios que el Big Data le permitió.


España se está convirtiendo por no decir que ya se ha convertido, en un país de reality-shows”, el 50% prácticamente de la programación de las parrillas televisivas están basadas en telerrealidad. Telecinco, cuna de los realities por definición, la evolución de estos ha terminado siendo una cantera de personajes aprovechados en otros programas del mismo grupo. 


"La existencia de la telerrealidad se puede justificar siempre y cuando las historias merecen la pena, aporten algo a los demás, se tratan con sumo respeto y cuidado y nunca con un afán utilitarista, sino que la persona que participa de algún modo también se vea beneficiada por su participación en televisión", dice Enrique Guerrero experto en televisión.


Con el agotamiento del formato de Gran hermano, constatado con las ediciones de 2016 y 2017, Telecinco convirtió el programa en un escaparate de supuestos famosos que la cadena ha creado en sus programas del corazón. Y a los que ha exprimido hasta el máximo. La culminación de este camino de casi dos décadas en la que el concursante anónimo ha dejado paso a la celebridad reafirmando el hecho de que lo único que lleva esta telerrealidad a la audiencia es el hecho del morbo, de estar pendiente y saber cosas personales de vidas ajenas para conseguir entretenimiento, lo cual recalca más aún el gran nivel cultural de este país en el que una panda de mamarrachos salen en pantalla a diario vendiendo sus vidas para ganar dinero y a su vez la gente en sus casas lo ve y les ríe las gracias como si de una función de circo comediante se tratase.


Una de las últimas noticias relacionada con la telerrealidad en España es que llega “Hayu”, una plataforma de telerrealidad, en concreto la más grande del mundo. Hayu ofrece más de 8.000 episodios de “los mejores realities del momento”, aunque en algunos países está disponible vinculada a la plataforma Amazon Prime, en España el canal se lanza a través de una plataforma directa al consumidor, accesible desde todo tipo de dispositivos, cuya suscripción tendrá un coste de 4,99 euros al mes. “La gran variedad que ofrece la plataforma Hayu es única y promete satisfacer las necesidades de cualquier fan del género con una amplia variedad de subgéneros que incluyen hogar, diseño, citas, cocina, crimen y moda”. Desde que en el 2000 Telecinco estrenó la primera edición de Gran Hermano, los programas de telerrealidad se han multiplicado en España y suelen situarse en numerosas ocasiones entre los programas más vistos de la televisión en abierto.


Por concluir, si antes hemos dicho que los espectadores en la telerrealidad disfrutan por ofrecer un show en el que se ven reflejados y que tienen alguna vinculación con ese contexto ya sea con alguna idea o actuación que ellos identifican, no podemos dejar de lado que estos programas también envuelven diversos problemas sociales, ideológicos y culturales. 


El momento en el que la cámara vuelve los relatos íntimos en públicos a través de sacarles rentabilidad, convierte toda experiencia humana en una superficialidad que distorsiona y falsea la realidad, incluso convirtiendo la intimidad en algo frívolo y superficial. El punto en el que el ansia de poner en visión de todo el mundo, con fines comerciales, las emociones de los personajes en escena hace que se empobrezca de una manera brutal la realidad en sí misma.


A esta ficción-realidad en la que se está convirtiendo la televisión con estos programas de telerrealidad habría que añadir también la peligrosa conversión de los medios de comunicación, en este caso la televisión cuyas funciones esenciales son las de formar, informar y entretener y que, en el momento actual están siendo reducidas al entretenimiento. La información y la realidad se han vuelto espectáculo y sirven al entretenimiento. Así que ya no queda claro si se forma o no, hay algunos realities que tratan de formar de alguna manera y en los que se informa entreteniendo.


Dentro del campo de la información, de todos es sabido que la preocupación de los periodistas es conseguir que lo importante sea interesante, porque la información, para interesar al espectador, primero debe entretener y, a su vez, el entretenimiento informa y ayuda a crear opinión, por lo que a causa de la telerrealidad y junto a ella estos formatos televisivos y por supuesto por desgracia, ya casi toda la televisión ha conseguido que, la voz de los expertos se haya convertido en la voz de los famosos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El "meme", patrimonio cultural digital